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jueves, 7 de octubre de 2010

Pantano de sangre (2010)



Nuevo libro Lincoln y Child sobre el ya famoso agente especial Pendergast.

La verdad. Para mi Pendergast estaba perdiendo toda su gracia, pero con este libro ha vuelto a ganarse mi confianza. Creo que es lo mejor que ha salido (obviamente sin contar Los asesinatos de Manhattan ni la trilogía de Diogenes), sobre todo después de los dos últimos libros que sacaron (El círculo oscuro y La danza del cementerio).
Parece obvio que los escritores han dado por fin con la clave: lo mejor de los libros de Pendergast es Pendergast. Así de simple. Y podríamos decir que Pantano de sangre prácticamente es un monográfico de Pendergast, lo cual no está nada mal.

En resumen, es un libro fácil de leer, de esas novelas que entretienen y pueden llegar a atraparte, aunque no va a describirte una nueva dimensión de la literatura. Sencillo y directo, pero a veces, eso no viene nada mal.

"-¿Sería una investigación oficial?
-No. Solo estaríamos usted y yo. El asesino puede hallarse en cualquier lugar del mundo. Actuaremos completamente fuera del sistema, de cualquier sistema.
-¿Y cuando encontremos al asesino? Entonces ¿qué?
-Nos encargaremos de que se haga justicia.
-¿Es decir?
Pendergast se sirvió más brandy en la copa con un gesto brusco, lo engulló y volvió a fijar en D'Agosta sus ojos fríos de platino.
-Le mataremos".


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miércoles, 26 de mayo de 2010

La danza del cementerio (2009)



Decepcionante entrega del mejor agente especial de la literatura que conozco.
Es simple, sin chicha... Pendergast está quedando relevado a un segundo plano, ahora que parece que a los autores les resulta más interesante los enredos amorosos de los que eran los secundarios, y que se han empeñado en darle un toque más humano a todos... quien es tonto es el más tonto de todos, quien es chulo, es el más chulo de todos... y Pendergast pierde su halo de misterio y cuasi sobrenatural, para caer arrodillado ante nosotros y mostrarnos que no es más que un hombre adinerado, en forma y sí, listo, pero que es capaz de caer en los trucos más absurdos en los que el lector no llega a caer...

Mal, mal...

"El agente especial Pendergast se deslizó en silencio por el largo pasillo central a media luz de su piso de la calle Stenta y dos Oeste (...). Era la zona pública del piso de Pendergast, aunque no la hubieran visto más de diez o doce personas. Ahora se dirigía a la zona privada, que sólo conocían él y Kyoko Ishimura, la asistenta sordomuda que vivía en el piso y lo cuidaba.
(...)
Cuando se hubo terminado su té, también se terminaron los recuerdos. Pendergast dejó el cuenco sobre la estera y cerró un momento los ojos. Al volver a abrirlos contempló el otro cuenco, que seguía lleno, delante de él. Suspiró quedamente y pronunció unas palabras.
- Waga tomo yasurakami. Adiós, amigo mío."


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